Cuando voy de viaje me gusta llegar hasta el último rincón, descubrir aquello que parece estar oculto para los ojos de los demás. Me gusta que no me corten el camino, que no me prohíban el paso. Me gusta sentir las sensaciones que viven y experimentan quienes allí habitan. Seguramente a los personajes de la foto de Héctor Campos en su blog “La retina de cristal” les pasará lo mismo… deberán pensar que quiénes somos nosotros para poner puertas al campo… Las Lagunas siempre han estado allí y la gente siempre ha ido a disfrutar de ellas.  Pero indudablemente eso, lo que vemos,  es un comportamiento irracional que atenta contra el propio sostén de la vida del lugar. ¿Que las Lagunas de Ruidera son un lugar turístico?, eso se da por supuesto, ¿que se trata de un lugar maravilloso? Indudable. ¿Qué todos tenemos derecho a disfrutar de su inmensa belleza? Incuestionable. Pero nada de eso está reñido con un turismo equilibrado, racional y sostenible cuyos principios básicos son el uso adecuado de los recursos naturales,  el respeto a la diversidad y unas prácticas empresariales adecuadas…  Y ninguno de esos principio se ve reflejado en la fotografía de Héctor . Y eso ocurre en  todo un parque natural protegido, que incluye un Plan Rector de uso y gestión y un Plan de uso público, controlado por las autoridades de la Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha…pero que en demasiadas ocasiones queda en agua de borrajas.

Las coscojas, las encinas, las sabinas, protegidas por leyes,  importan bien poco a turistas y restauradores que buscan sombra y agua los primeros y buenos resultados económicos los segundos.  La imagen habla por sí misma.