La salita roja

Thomas Hobbes, hace más de trescientos años, sostenía que el estado de la naturaleza del ser humano se caracterizaba por la precariedad y la violencia. Aseguraba que la aparición de la sociedad (el Estado, en resumidas cuentas) instituía un régimen de terror. La Ley, a través de la monarquía absoluta, declaraba que el hombre era malo en virtud de la tendencia de este por ostentar el PODER.

Cien años después, en 1750, Jean-Jacques Rousseau, que tras su vida errante extrajo copiosos temas polémicos contra la sociedad organizada y su presunto progreso, le contestaba que si el hombre se volvía malo era por culpa de tener que vivir en sociedad. El hombre tenía instinto moral, aparte del físico o biológico, para buscar lo bueno y evitar lo malo. La cualidad del ser humano era la del amor de sí, la cual derivaba en amor a los demás o, en el último de los casos, en la piedad. El estado de la naturaleza se caracterizaba por la libertad, la igualdad y la bondad. La aparición de la sociedad (y de la noción de PROPIEDAD) promovía el egoísmo y la maldad.

Dejando a un lado el pretérito, me pregunto que quién de los dos está más cerca de representar la realidad actual.

Por tanto, ¿es bueno el ser humano?, ¿es bueno por naturaleza?, ¿es bueno en sociedad?, ¿es malo desde que nace?, ¿o es malo cuándo se socializa?

El frutero que me atiende cuando quiero comer sano, me contó una anécdota de su familia. Su madre, cuando toda la familia se reunía, tenía tendencia a describir las cualidades de sus cuatro hijos. De la más pequeña decía que era una luchadora, pues se había sacado dos carreras universitarias siendo madre, y trabajaba como funcionaria gracias a ellas.  Del siguiente hijo decía que gracias a su optimismo, su vaso medio lleno, siempre les había alegrado la vida. De la hermana que les sigue solía decir que era su confidente, a la que le podía contar sus problemas. Le daba la paz que en esos momentos necesitaba. Y en cuanto al primogénito, contaba que era el hijo bueno.

Un día en que la madre se disponía a recitar, una vez más, las cualidades de sus hijos, el mayor, el frutero, le preguntó lo siguiente:  Madre, ¿tú crees que tus hijos son buenos?

La madre le contestó: ¡Pues claro! Sois todos buenísimos.

¡Vamos, que el frutero era, simplemente, el bueno de la familia!

¿Le basta al ser humano con ser bueno? ¿Debe tener ánimo, luchar y saber empatizar con los demás?

El día 25, si se lo permitimos, algunos políticos nos harán votar de nuevo. Frente a los conceptos de poder y de propiedad debemos votar junto a los conceptos de BONDAD, OPTIMISMO, LUCHA Y EMPATÍA. Quedan, la mayoría de los políticos, tan lejos de estas cualidades, que ninguna de sus madres, si en realidad los quieren, serían capaces de salir en su defensa. No tienen nada que defender de ellos.

Mientras tanto, el pobre frutero está luchando por ser, algún día, también feliz.