Es una de las armas más antiguas que usamos los humanos para diversos asuntos.  Es un mecanismo de fácil recurso que podemos usar contra los niños para limitar sus movimientos. Gran cantidad de mitos, leyendas y fábulas basan sus enseñanzas en este instrumento. Ya desde el Génesis, el miedo a desobedecer cumplía el control básico. Una emoción que se usa con las personas que creemos que no son capaces de reaccionar a la racionalidad como se piensa que ocurre en los niños; craso error. Ellos sí razonan, a su nivel, claro. Solo hay que esforzarse por tratar de conseguir hacernos entender. Pero es mucho más fácil infundir el temor aunque no expliquemos el porqué.

Cierto es que cierta dosis de miedo es necesaria para la supervivencia. Más vale que tenga algo de temor cuando paseo cerca de un acantilado, cuando conduzco o cuando te rodea según qué gente. Esta necesidad humana se ha usado, por desgracia, por parte del poder a lo largo de la historia. Se trata a los súbditos como infantes incapaces de decidir por sí mismos, porque el poderoso “sabe” lo que les conviene, se preocupa por su bien y se cree más capacitado. Reyes absolutos, dictadores y hasta filósofos que creían que, si te dedicabas toda tu vida a “aprender” a dirigir, serías el más capacitado. Se insulta a la inteligencia del ser humano. Que yo sepa no existe un libro en el que exista LA RECETA del saber vivir bien. Nadie lo ha escrito y esperemos que nadie lo escriba. Los dogmas siempre han tenido consecuencias nefastas, ya sean religiosos o ideológicos, valga la redundancia. Conviene al poderoso tener esclavos que obedezcan ciegamente.

¿Por qué es tan efectivo? La respuesta es algo obvio que sirve para muchos temas que nos podamos plantear: por instinto de supervivencia. Queremos vivir y lo que más nos lo “asegura”, de modo instintivo, es lo conocido. Si ya sabemos cómo “funciona” nuestro entorno, sabemos qué hacer, sabemos a qué atenernos. Y encima sin esfuerzo. Las tradiciones, las costumbres que heredamos en cuanto al modo de proceder, proviene de nuestros antepasados. “Si a ellos les funcionaba, por qué no a nosotros”. “Si lleva existiendo tantos años por algo será”. O sea, ausencia de pensamiento y reflexión. Lo siento pero no puedo admitir frases tales como “Más vale pájaro en mano que ciento volando” o “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, una contradicción. Es decir, la tendencia natural del ser humano es ser conservador. Por eso pienso que la derecha política lo tiene mucho más fácil. El objetivo de nuestro cerebro es permitirnos sobrevivir. Eso tan moderno de conocer es algo muy nuevo. Tan solo unos pocos miles de años. Los privilegios de algunos, lo que algunos consideran privilegios, el status, la moderación, el miedo a la radicalidad, el miedo al cambio no suele ser lo más demandado, a excepción, quizá, de cuando se es joven.

Tradicionalmente se ha usado la fuerza, el crimen, las tortura y demás métodos directos para infundir miedo. Esto ha estado vigente prácticamente hasta nuestros días.  El poder ha aprendido soberanamente. ¡Para algo tenían que servir las humanidades! Sociología, Psicología, Filosofía, Historia, etcétera.

Hoy en día, también en Democracia (quizá sobre todo), el miedo también es el modo más eficaz junto a la seducción. Ya no se censura, ahora se ridiculiza, se banaliza. Hay libertad de expresión pero no hay demasiado ejercicio del pensamiento, básico para poder expresarnos y no emitir exabruptos. Si estamos ocupados en consumir (en nuestro tiempo libre), no tenemos tiempo para pensar. Si estamos ocupados en formarnos para el mercado laboral (ese monstruo insaciable), no tenemos tiempo para pensar. Si estamos agotados, no tenemos tiempo para pensar. Si estamos confundidos, no podemos pensar. O simplemente “no tenemos tiempo”, frase que cada vez oigo más. El tiempo nos tiene. Recordemos que pagamos los productos con tiempo, no con dinero. Seducción, ocupación y también, claro está, miedo. Se sigue usando. Yo diría que es casi más angustia, ese miedo no se sabe bien a qué.

Siempre ha existido el miedo al “otro”, al diferente. El otro se puede vivir como una amenaza a mi modo de ser. Todos necesitamos “marcar” territorio con nuestros pensamientos. Necesitamos proyectar nuestra personalidad. El otro supone, o puede suponer, una resistencia. Cuánto más familiar hago mi entorno, más cómodo me siento. Mi “opinión”, si es compartida por una mayoría, me hace sentirme más vivo. Decía Jean Paul Sartre que “el infierno son los otros”. ¿Adivinan cuál fue la primera diferencia, entre humanos, que surgió? Efectivamente, la mujer. La primera “amenaza” para el más fuerte, fisiológicamente hablando. La diversidad puede ser una riqueza, si lo pensamos, o una amenaza, si nos dejamos llevar por lo instintivo, repito, más fácil.

El miedo atenaza, reprime, reduce nuestro potencial, nos hace ignorantes, violentos o cobardes. Empobrece. Hemos de luchar, superarlo aunque no negarlo. Eso sería temeridad. Tratar de discernir, realmente, cuándo es necesario y cuándo es un mecanismo de control. El mal político lo usa constantemente. “O yo o el Caos”.  Como pasa con los dioses, según algunos tratan de infundirlo. Como pasa con unos de los humanos más execrables que pueden existir: el machista violento. El autoritario, el totalitario. Pero en estos va en su ADN. Lo penoso es que se use en democracia en lugar de fomentar el diálogo, el pensamiento, el razonamiento.

No puedo evitar usar un recurso cinematográfico para acabar. Cuando Roy Batty le está salvando la vida a Deckard le dice: “Es toda una experiencia vivir con miedo. Eso es lo que significa ser esclavo”