Con permiso me viene la ocasión de mentar los miguelitos de La Roda, de fama global que invitan siempre,  una vez probados, a  visitar el pueblo   para comprar y con ellos obsequiar. Y para admirar su   “Piedra Miliaria”.

Hace no más de 60 años, la gente del  lugar se desplazaba  del  pueblo por enfermedad o por casual boda. La distancia entre los pueblos  no suele sobrepasar  los 30 kilómetros y hacer 60 era antes como viajar al extranjero ahora. La pobreza sobrevenida a los pueblos por latifundismo contribuyó a que generaciones de veinteañeros, y más jóvenes ellas, acudieran, arrastrando a toda la familias,  a las llamadas que multinacionales,  asentadas en Bilbao, Barcelona o Madrid, también en Valencia,  repicaban. Eran los años 60.  El éxodo significaba  hacerse forastero.  Os cuento: Por esos años  se trasladó a Barcelona toda una troupe familiar de mi pueblo. Los fotes  (de forasteros) les  apodaron. Y así a  quienes emigramos por razones de casamiento, desempeño de oficio  o estudios,  “los fotes”, forasteros, pronunciado  como ofensa, nos apodaron, habiendo sido, no obstante,  prácticamente la totalidad quienes emigramos.  Mas  no  hemos dejado de ser de Pueblo.

Y por qué digo esto, pues porque a propósito de la conquista extranjera nos fuimos y a propósito de la crisis extranjera volvemos. Los  pueblos  se están  repoblando  de “fotes”  entristecidos.  Reivindico  la cultura global municipal. Estamos en condiciones de establecer en los municipios  políticas sociales y también desde ellos iniciativas económicas globales, sin abandonar la impronta de ser de pueblo y a mucha honra. No son los municipios aldeas independientes: No al “independentismo”: son los municipios los lugares de gozo  del humanismo global. Con permiso me viene la ocasión de mentar los miguelitos, de fama global que invitan siempre,  una vez probados, a  visitar La Roda   para comprarlos  y para admirar su   “Piedra Miliaria”